F*** GENDER ROLES

En esta undécima sesión empezamos con la dinámica de bombón pibón para despertarnos un poco y poner en marcha nuestros motores. Después pasamos a la dinámica "Del 1 al 7".


“Del 1 al 7”


En círculo, nos numeramos de uno/a en uno/a del 1 al 7, para después, a cada número, asignarle un movimiento:

1: Brazo derecho/izquierdo al hombro izquierdo/derecho
2: Brazo derecho/izquierdo abajo
3: Brazo derecho/izquierdo sobre el izquierdo/derecho
4: Brazo derecho/izquierdo abajo señalando el lado contrario
5: Brazo derecho/izquierdo al hombro izquierdo/derecho
6: Se dice “Triana” y se hace el famoso movimiento de “La Rosalía”
7: Brazo derecho/izquierdo al hombro izquierdo/derecho

En función de la dirección que indique el brazo (izquierda o derecha), se cambia o no de dirección.


“Marioneta Humana”


Empezamos caminando por el espacio a un ritmo medio y mirando a un punto fijo. Seguidamente paramos y buscamos la mirada de uno/a de nuestros/as compañeros/as para, por parejas, empezar la dinámica de las marionetas, en la que uno/a guía el cuerpo del otro/a por el espacio. Después se intercambian los roles y quien guiaba es guiado/a.

“Jugando con la gravedad”


A la señal de Carles, nos movemos por el espacio como si la gravedad fuera en aumento en la sala, nuestro cuerpo pesa cada vez más y caminar termina costando tanto, que acabamos casi cayendo al suelo. Poco a poco la gravedad disminuye y nuestros movimientos van fluyendo más fácilmente hasta conseguir movernos perfectamente.

“Acoso callejero”


Una compañera y un compañero salen a realizar un role playing donde la escena dramatizada era de un chico acosando a una chica en una parada de metro. Cuando cualquiera de nosotros/as quisiera cambiar la situación o poner una solución, podía salir a adquirir el rol del/la compañero/a. Después, hicimos una mesa redonda y debatimos sobre lo experimentado en el role playing y sobre la situación que vivimos las mujeres.

Primero comentamos las tres soluciones que se plantearon durante la dramatización: huir, enfrentarnos al agresor y, por último, llamar a alguien que nos pueda ayudar, ya sea policía, un/a amigo/a o un familiar para sentirnos más seguras. Al final, llegamos a la conclusión de que, lo más usual, es huir o pedir ayuda, porque el miedo, que tanto la persona acosadora como la propia sociedad hace que sintamos, no nos da la confianza para enfrentarnos. Ese miedo no es innato, sino aprendido, la sociedad patriarcal nos infunde un estado de indefensión aprendida que nos impide salvaguardar nuestra integridad.

Más tarde, hablamos sobre las sensaciones que los actores y actrices habían experimentado durante el role playing. Por un lado, los chicos comentaban que no se sintieron muy cómodos haciendo el papel porque les daba miedo ver que no les costaba demasiado esfuerzo escenificar esta dramatización, sentían la actitud plasmada muy interiorizada. Por otro lado, las chicas comentamos que nos sentimos muy violentadas a lo largo de la escenificación y que no fue algo experimentado por primera vez, sino que ya lo habíamos vivido y lo seguimos viviendo constantemente.



La violencia de género está determinada por el género, es decir lo sufrimos las mujeres por ser mujeres por “ser débiles”, por “ser menos”. Y la ejercen los hombre por ser hombres, por ser “los fuertes” de la sociedad, por ser los que “mandan”. Es una explicación absurda, pero real. Nos han impuestos tantos límites, roles, conductas que nos suprimen como humanas y como personas. Los hombres no son “más” y los mujeres no somos “menos”, somos iguales, es la sociedad la que nos limita y encasilla en determinados roles que anulan nuestro verdadero "yo". La liberación de la mujer es, al mismo tiempo, la liberación del hombre.

Resulta ineludible que la violencia machista tiene un carácter global y afecta de manera integral en todos los aspectos de la vida (económico, social, personal, sexual, estructural, cultural…), independientemente de la clase social, edad o nacionalidad. Todavía siendo una problemática que achaca a casi la mitad de la población mundial, se esconde por medio de un pacto de silencio y vergüenza que la invisibiliza dificultando su abordamiento. Y, aunque ya se ha conseguido mucho en relación con los derechos de la mujer, aún queda mucho por hacer. Como trabajadoras sociales debemos visibilizar esta desigualdad y su origen, y apostar por el empoderamiento (individual y colectivo), la sororidad y la revisión de los privilegios, propios y ajenos.



"No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino." Simone de Beauvoir


Amparo Santiago, Desirée Santaya y Juliana Martínez

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